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Cimef

Actividad física y Salud

By | Noticias

 

Nuestro amigo Pablo Salas, Kinesiólogo asesor de CIMEF, quiso compartir con nosotros uno de sus artículos sobre lo fundamental de la actividad física para mantenernos saludables y cuáles son las recomendaciones actuales para poder lograr esto.

Esperamos lo disfruten tanto como nosotros!

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Si hay algo que es casi imposible de rebatir en estos tiempos es que la actividad física es buena para la salud. Está demostrado que la actividad física constante reduce el riesgo de cardiopatías coronarias, hipertensión, depresión, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo II, cáncer de mama y cáncer de colon. Además, es fundamental para conseguir un equilibrio energético para el control de peso y composición corporal.

También se sabe que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante a nivel mundial, influyendo en la prevalencia de Enfermedades no Transmisibles (ENT) y en la salud general de la población mundial. La hipertensión arterial (13%) y el exceso de glucosa en la sangre (6%) son dos de los factores de riesgo de mortalidad mundial por sobre la inactividad física, los cuales se pueden combatir fácilmente con un buen nivel de actividad física. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos refiere que la inactividad física es la causa de un 21-25% de cáncer de mama y de colon, el 27% de los casos de diabetes y aproximadamente el 30% de los casos de cardiopatías isquémicas.

Pero para hablar sobre actividad física, el primer paso es definirla y diferenciarla de los conceptos de ejercicio y deporte, ya que esto nos facilita el entendimiento de que es lo que realmente debemos hacer.

Actividad física es cualquier movimiento del sistema musculo esquelético que exija un gasto energético, tal como las tareas domésticas, ir de compras, subir escaleras, caminar… básicamente ESTAR EN MOVIMIENTO.

Entrenamiento es un tipo específico de actividad física con el objetivo de mejorar alguna habilidad o capacidad física (fuerza, velocidad, agilidad, etc.), donde debe ser planificado, estructurado, progresivo y ser medible.

El Deporte tiene como objetivo la diversión y competición, donde el entrenamiento es imprescindible.

Por esto es erróneo referirse a “hacer deporte” con tener un alto nivel de actividad física, ya que alguien pudiese ser un deportista pro en juegos de pc o consolas de entretenimiento, y no necesariamente ser una persona activa. Y por lo mismo, las frases como “tienes que hacer deporte para bajar de peso” o “sal a hacer deporte en bicicleta” están un tanto erradas, generando un rechazo al aumento de la actividad física desde las personas sedentarias cuando se les dice que “hagan deporte”, ya que tiende para ellos a sonar como algo complicado, duro, caro y requirente de tiempo que no tienen.

La OMS creó las “Recomendaciones Mundiales sobre Actividad Física para la Salud”, donde nos cambia el paradigma conocido por todos nosotros de realizar ejercicio 3 veces a la semana, que ya va quedando en el pasado.

Estas recomendaciones nos diferencian en tres grupos etarios:

5 a 17 años:

Para los niños y jóvenes de este grupo de edades, la actividad física consiste en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y de reducir el riesgo de ENT, se recomienda que:

  1. Deberían acumular un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa.
  2. La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud.
  3. La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.

18 a 64 años:

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y de reducir el riesgo de ENT y depresión, se recomienda que:

  1. Deberían acumular un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
  2. La actividad aeróbica se practicará en sesiones de 10 minutos de duración como mínimo.
  3. para obtener aún mayores beneficios para la salud, los adultos de este grupo de edades aumenten hasta 300 minutos por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
  4. Dos veces o más por semana, realicen actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

65 años en adelante:

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos caminando o en bicicleta), actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y funcional, y de reducir el riesgo de ENT, depresión y deterioro cognitivo, se recomienda que:

  1. Los adultos de 65 en adelante dediquen 150 minutos semanales a realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. La actividad se practicará en sesiones de 10 minutos como mínimo. A fin de obtener mayores beneficios para la salud, los adultos de este grupo de edades deberían aumentar hasta 300 minutos semanales la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien acumular 150 minutos semanales de actividad física aeróbica vigorosa, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
  2. Los adultos de este grupo de edades con movilidad reducida deberían realizar actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana.
  3. Convendría realizar actividades que fortalezcan los principales grupos de músculos dos o más días a la semana.
  4. Cuando los adultos de mayor edad no puedan realizar la actividad física recomendada debido a su estado de salud, se mantendrán físicamente activos en la medida en que se lo permita su estado.

 

Por lo que, a modo de resumen, para mejorar y mantener una buena salud, basta con 30 minutos de actividad física moderada 5 días a la semana (no es necesario 30 minutos seguidos, pueden ser parcelados durante el día, ej. Caminar 10 minutos, 3 veces al día).

Ya viene en cada uno de nosotros que estrategias podemos tomar… Subir y bajar escaleras en vez del ascensor, bajarse unas cuadras antes del trabajo o colegio para caminar a paso rápido, andar en bicicleta un mínimo de 10 minutos a velocidad moderada, o simplemente salir a caminar ya son buenas estrategias, simples y gratis, que nos ayudaran a mejorar nuestra salud y a disminuir los efectos negativos de la inactividad física.

 

En CIMEF podemos ayudarlos a definir su necesidad mínima y también óptima de actividad física, personalizándola a sus requerimientos individuales y preferencias.  Los invitamos a visitarnos y descubrir más de ello!

Estar sano es mucho más que no sentir molestias

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“Complejo, no difícil…”

 

 

     Es importante que desde un principio sepan la verdad: curar las enfermedades es MUY complejo… pero NO es difícil! Suena extraño, no? Eso es porque hemos perdido noción del real significado de cada una de esas palabras, al punto que las usamos indistintamente a pesar de tener un significado diferente.

     Difícil es algo que requiere de mucho esfuerzo para aprender o realizar. Por otra parte, Complejo es algo compuesto por varias partes.

     Si queremos poner de ejemplo algo difícil, yo pensaría en completar un triatlón o en ganar una medalla de oro en las Olimpiadas. Para ello necesitaríamos un entrenamiento especial que prepare nuestro cuerpo a las exigencias de algo tan selecto dentro del mundo del deporte competitivo. Deberíamos someternos a una serie pruebas físicas y cambios en nuestra vida cotidiana, que realmente transformarían nuestro día a día. Entrenar varias horas al día invirtiendo un gran esfuerzo de voluntad y desempeño físico, no durante 1 ó 2 días, sino por meses y años. No quiero desanimarla o desanimarlo si sueña con eso, pues no digo que sea imposible, pero por lo menos para mí, se me haría algo difícil de lograr.

     Por otro lado cuando hablamos de algo complejo, nos referimos a algo que tiene muchas cosas involucradas en su realización, muchas etapas o partes antes de completar nuestro objetivo. Armar un mueble sin ser carpintero es algo complejo, pero con un buen plano de instrucciones, no debería ser algo difícil ni menos imposible aun para los menos hábiles en este tipo de tareas. El único requisito es que no falte la paciencia, dedicación y perseverancia.

     Decidí iniciar este artículo tomándome el tiempo para hacer esta diferencia, pues como les comenté al principio, curar la gran mayoría de las enfermedades que nos aquejan no es difícil, sino complejo. Desde la perspectiva y análisis de la Medicina Funcional, las enfermedades crónicas como la hipertensión, resistencia a la insulina/diabetes, sobrepeso/obesidad, hipotiroidismo,  colesterol alto, artritis reumatoidea, enfermedad renal, entre muchas otras; han logrado enraizarse en la vidas de las personas y las sociedades, sólo porque no se ha considerado la complejidad del funcionamiento del cuerpo humano, simplificando toda la reflexión médica a la tarea de agrupar síntomas y signos a un nombre definido (que llamamos enfermedad) para el cual se ha escogido uno o más medicamentos que han demostrado disminuir su intensidad (en el mejor de los casos), pero nunca curarla.

     Por más que se ha intentado simplificar el tratamiento de las enfermedades, las estadísticas muestran que por más “súper fármacos” que se han descubierto y administrado, los resultados no son mejores y en muchos casos, hasta hemos empeorado. No pretendo invalidar los grandes avances que se han realizado en la farmacología de los últimos 20 años, pero su impacto real ha sido en las enfermedades “agudas” (como las infecciones y accidentes cardio y cerebrovasculares) pero no en las crónicas, de largo aliento, que son las que finalmente gastan el gran porcentaje de la inversión en salud de los países desarrollados.

     La Medicina Funcional es una forma innovadora de profundizar en las complejas interacciones de la mente y cuerpo humano con el ambiente, a través de distintas herramientas terapéuticas validadas por los avances científicos de los últimos 30 años. La epigenética, nutriogenómica y metabolómica son algunas de las nuevas áreas de la medicina que están revolucionando el manejo de las enfermedades, pues cada vez es más claro que lo que hacemos, pensamos, comemos, dormimos, etc. en nuestro día a día tienen una impresionante importancia en cómo el organismo responde y se enferma o restaura.

 

En nuestro Centro e Instituto de Medicina Funcional queremos ayudarlos a descubrir una forma más integral de combatir las enfermedades y recuperar sus vidas, pues estar sano es mucho más que no sentir molestias, es tener la vitalidad para realizar tus sueños y propósitos.

El Futuro de la Medicina… ¿Qué es la medicina funcional?

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     Vivimos en un mundo hiper-tecnologizado que cambia constantemente y que nos bombardea de información en cada uno de los dispositivos electrónicos que utilizamos. Hay una cantidad incuantificable de información disponible, especialmente en internet, pero lamentablemente no hay un filtro o fiscalización que nos permita distinguir qué es verdadero y realmente útil a nuestras distintas necesidades y preguntas. Es por eso que quise partir explicando lo más esencial…

     Medicina Funcional no es un tipo nuevo de medicina ni tampoco un tratamiento alternativo. Es una forma innovadora de enfrentar las enfermedades y disfunciones biológicas, desde una mirada más abierta e integral, abordando cada paciente con un enfoque personalizado y adecuado para sus desafíos y contexto personal. Es el fruto del trabajo de décadas de médicos y otros profesionales de la salud que, como yo, vieron que sus prácticas médicas cotidianas se volvían frustrantes e incapaces de dar real solución a los problemas de sus pacientes.

     Quiero contarles mi experiencia. Al momento de escribir este artículo tengo 33 años y apenas 7 años practicando la medicina. En este tiempo he sido paciente y también médico, y desde ambas perspectivas he sentido la frustración de ver cómo las enfermedades condicionan tu vida, y la desesperanza de pensar en que no hay solución para ellas, fuera de la resignación y muchas veces esclavización a un fármaco. Entre mis antecedentes, cuento con episodios constantes de molestias gastrointestinales (hinchazón, dolor abdominal cólico, diarreas intermitentes, nauseas ocasionales, heridas en lengua y boca), problemas a la piel (piel seca, caspa, dermatitis de contacto y atópicas, infecciones por hongos en distintas partes del cuerpo), problemas respiratorios (rinitis persistente, resfríos y bronquitis repetitivas, dolor de garganta, neumonía) y finalmente un tipo no agresivo de cáncer de piel (linfoma). Aunque no he sido un ejemplo de vida sana y mi historia familiar tiene algunos eventos a considerar, esta acumulación de enfermedades y síntomas me parecían algo excesivas para alguien que recién empieza la mitad de los potenciales años de esperanza de vida según la última Encuesta Nacional de Salud.

     Que las enfermedades crónicas (como la obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer, enfermedades autoinmunes, etc) sean una epidemia hoy en día, no es noticia nueva. Todos y en todas partes se habla de ello, pues sin duda es una preocupación de todas las naciones del planeta, especialmente las más desarrolladas. Sin embargo, el gran tema en cuestión ya no se concentra sólo en el hecho de que estas enfermedades pueden conducirnos a una muerte prematura, sino quizás aún peor, en la lamentable realidad de que deterioran nuestra calidad de vida, al punto de vivir (en algunos casos) casi la mitad de nuestra existencia con una condición física y/o mental que nos deteriora progresivamente e impidiéndonos disfrutar de las grandes oportunidades de felicidad que la vida nos brinda.

      Los avances médicos diagnósticos y terapéuticos de los últimos 50 años son sorprendentes, trayendo grandes progresos en la sobrevida de enfermedades complejas y prevalentes como las patologías cardiovasculares y el cáncer. Sin embargo, todo ese progreso no tiene impacto en la disminución de la incidencia de la enfermedad, es decir, en el número de casos nuevos. En otras palabras, se ha desarrollado tecnología de punta para combatir a la enfermedad cuando ya está presente, pero no se ha logrado mucho en medidas que impidan nuevos casos o al menos casos menos agresivos. La situación es tan crítica que en países desarrollados como EEUU -quienes lideran en desarrollo científico y en inversión en salud-, los índices de morbi-mortalidad (enfermedad y muerte por estas causas) son alarmantes y las proyecciones de gasto económicos, billonarias!

     Estamos ante una ola incontrolable de enfermedades que ya no responden como quisiéramos a los tratamientos ni fármacos disponibles. Es ese entonces el camino que los avances médicos deben seguir? Continuar creyendo que los fármacos son el futuro para la epidemia de enfermedades crónicas, es como pensar en combatir la contaminación del aire sólo construyendo ventiladores gigantes. No parece una idea muy brillante ni eficiente, verdad?

     La tendencia de la medicina del futuro es dejar de manejar los problemas mirando las ramas, para mirar nuevamente hacia los fundamentos, el origen, la raíz del problema. Han pensado alguna vez por qué estas enfermedades son más frecuentes ahora que en la época de nuestros abuelos y bisabuelos? Los estudios científicos han demostrado que nuestra carga genética como humanos no ha cambiado más de 0.02% en los últimos 10.000 años. La razón es mucho más sencilla que eso… El cuerpo y nuestros genes son los mismos, lo que ha cambiado es el lugar en donde se manifiestan y desenvuelven, es decir, el medioambiente y nuestros hábitos de vida.

     Eso es lo que queremos desarrollar y trabajar en cada uno de nuestros pacientes y amigos, buscar resolver los problemas RAIZ de sus enfermedades y dejar de encubrir síntomas y signos, dándonos una falsa sensación de salud que nada tiene que ver con lo que realmente es: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En CIMEF los invitamos a que trabajemos en conjunto para recuperar su salud y transformarse en el protagonista de su propio bienestar.