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“Los beneficios (poco) conocidos de los masajes terapéuticos”

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     La tendencia “farmacofílica” de la medicina actual ha relegado otras propuestas terapéuticas que, en el inicio de los albores de la medicina, fueron utilizadas por aquellos considerados maestros y padres de este arte y ciencia. Hipócrates, Paracelso y muchos otros antes que ellos, lograron desarrollar propuestas terapéuticas en las etapas más precarias del desarrollo científico médico. Muchos ya conocían que los tónicos, ungüentos, infusiones, etc no actuaban de forma mágica ni tampoco funcionaban a modo de panacea. Así como el cuerpo humano está conformado por elementos muy distintos y similares a la vez, su tratamiento no podía limitarse a medidas únicas o muy específicas. Es inusual encontrarse con un problema “de la vida” que no dependa de al menos 2 o 3 variables. Es más, la ciencia nos ha demostrado que detrás de cada descubrimiento, se revelan dimensiones inesperadas y a veces más grandes que la interrogante primaria.

     En el transcurso de la historia médica, han aparecido muchos métodos terapéuticos que permanecen aún disponibles al día de hoy. Y cada vez es más claro que el argumento (infundado) de que no existe la “suficiente evidencia científica” que los apoye, no los vuelve mentira o inútiles al momento de aportar al complejo manejo de las enfermedades, especialmente aquellas esquivas o reticentes al manejo exclusivo con fármacos. Es en este grupo en donde entramos las denominadas enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT).

     Un ejemplo característico de esta realidad son los masajes terapéuticos.

     Practicados desde los inicios de la historia de la humanidad y presentes en variadas especies animales que viven en comunidad (especialmente primates), los masajes han cumplido diversas funciones de integración y normalización social, entre las que se encuentran la expresión de afecto, el manejo del dolor, la relajación, la estimulación, entre otras. Aún más, es posible que, sin esta instancia física, las relaciones humanas no tendrían la profundidad e intimidad que reconocemos hoy en día.

     Es muy posible que, al menos una vez en nuestra vida, todos hayamos recibido y entregado alguna manifestación física interpretable como masaje. Aunque no necesariamente puede haber sido una experiencia grata, su intención debe haber estado fundada en querer agradar a otro y/o ayudarle. Es interesante ver que presentamos una suerte de intuición inherente a nuestra naturaleza que nos lleva a esa interacción cada día con el objetivo de optimizar nuestras relaciones con el semejante y sacar “el máximo provecho” del vínculo creado. Quizás una muestra de ello, es que desde la cuna los niños son acariciados y masajeados para lograr tranquilizarlos y crear confianza y bienestar.
Estudios científicos demuestran cómo este hecho trae beneficios objetivables en el crecimiento, desarrollo psicomotor y aumento de peso en recién nacidos (1)(2).

     Por otro lado, aunque no son del todo determinantes desde lo estadístico, varios estudios científicos han empezado a arrojar resultados sobre el impacto de los masajes terapéuticos en diversas patologías, especialmente aquellas contenidas en el denominado sistema musculo-esquelético. Artritis reumatoídea, fibromialgia y cervicobraquialgias (dolor de cuello y hombros) son algunas de las enfermedades que se han visto más beneficiadas (3)(4)(5). Sin embargo, su proyección en el impacto posible a nivel de disfunciones hormonales, neurológicas, psiquiátricas y autoinmunes están aún por dilucidarse.

     El Touch Research Institute en Miami es uno de los centros vanguardistas en este aspecto, generando múltiples estudios que ha sido publicados en diversas revistas científicas de renombre internacional (6).

     Hay mucho aún por descubrir en estas milenarias terapias a la luz del infructuoso resultado de las medidas farmacológicas convencionales que, una vez más, plantean el “adormecimiento” de la molestia por sobre la resolución de sus causas raíces.

     En CIMEF estamos convencidos del deber e importancia de usar el “estado del arte” disponible para manejar a nuestros pacientes. Sin desmedro de lo anterior, creemos que la ciencia ha demostrado ser perfectible y evolutiva. Lo que antes creíamos como indiscutible, ahora se torna relativo y hasta contraproducente. Por eso, nuestra mirada es integral y basada en una “mente abierta” capaz de mirar más allá de la rigidez del pensamiento convencional, procurando lo mejor para cada paciente según su caso especial y único.

Referencias

1. Preterm infant weight gain is increased by massage therapy and exercise via different underlying mechanisms. Diego MA, Field T, Hernandez-Reif M. Early Hum Dev. 2014 Mar;90(3):137-40.

2. Preterm infant massage therapy research: a review. Field T, Diego M, Hernandez-Reif M. Infant Behav Dev. 2010 Apr;33(2):115-24.

3. Neck arthritis pain is reduced and range of motion is increased by massage therapy. Field T, Diego M, Gonzalez G, Funk CG. Complement Ther Clin Pract. 2014 Nov;20(4):219-23

4. Rheumatoid arthritis in upper limbs benefits from moderate pressure massage therapy. Field T, Diego M, Delgado J, Garcia D, Funk CG. Complement Ther Clin Pract. 2013 May;19(2):101-3

5. Massage therapy for fibromyalgia symptoms. Kalichman L. Rheumatol Int. 2010 Jul;30(9):1151-7

6. Massage therapy for neck and shoulder pain: a systematic review and meta-analysis. Kong LJ, Zhan HS, Cheng YW, Yuan WA, Chen B, Fang M. Evid Based Complement Alternat Med. 2013;2013:613279

Estrés… Enemigo número uno

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“Noooo! … ¿bajar de peso meditando?”

 

     

 

     Suena casi como uno de esos comerciales de televisión donde te prometen grandes cambios con pequeños y simples aparatos, no? Bueno, no pretendemos venderte nada ni hacerte creer que tenemos una receta milagrosa, pero sí… no es tan difícil y está al alcance de tu mano. Puedes partir hoy mismo. Sólo necesitas tiempo para ti y una honesta disposición a cuidar y amar tu cuerpo como deberías.

     Desde la primera teoría expuesta en 1936 por el Dr. Hans Selye, el estrés ha sido una palabra usada por todos, desde grandes científicos en congresos mundiales, hasta cada uno de nosotros en conversaciones coloquiales con nuestros amigos y familiares.

     Pero, ¿qué es realmente el estrés? Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es la “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”.  En otras palabras, sería la respuesta biológica multinivel ante un evento externo -o interno- que nuestro organismo interpreta como potencialmente peligroso y dañino.

     Los grandes científicos que han abordado el tema convergen en el hecho de que, sin esta respuesta, el ser humano no habría logrado sobrevivir a los miles de desafíos que ha experimentado a través de su historia. El contar con mecanismos fisiológicos coordinados ante una situación de peligro, nos permite preparar todo nuestro organismo para la llamada respuesta “fight or flight” (“pelear o huir” en su traducción formal -no literal- al español). Sin la aparición OPORTUNA de este conjunto de procesos, no habríamos tenido la fuerza necesaria para hacerle frente a nuestros enemigos, o la velocidad para escapar de animales peligrosos. Los protagonistas moleculares de estas acciones son las hormonas catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol (corticoide natural). Mientras las primeras aumentan la disponibilidad de nutrientes y oxígeno, llevando sangre rápidamente a tu corazón, pulmones y músculos; la segunda enciende una alerta global que advierte la necesidad de optimizar los procesos energéticos, entre ellos la captación de glucosa desde la sangre a las células, mediante el uso de insulina una hormona muy conocida en estos tiempos.

¡Todo esto es increíble y muy necesario sin duda! ¿Pero qué pasa cuando esta respuesta no se detiene y persiste sin parar durante días, meses y hasta años?

     Las cosquillas son una sensación increíble que pueden ser provocadas por muchos estímulos. Aunque algunos no las disfrutan, creo que la gran mayoría de nosotros podríamos decir que son agradables, pues nos llevan a reír y disfrutar a veces en momentos muy inesperados. ¿Pero podrían imaginar aguantar esa sensación por horas sin parar? Sin duda sería insoportable. Creo que hasta clasificaría como tortura si se lleva al extremo. Lo mismo ocurre con el estrés. Que nuestros niveles de catecolaminas, cortisol e insulina (entre otras) se eleven por unos momentos es algo deseable y necesario, pero que persistan elevadas en el tiempo sin darnos respiro, es sumamente tóxico.

     Un ejemplo de esto es mantener los niveles de insulina elevados de forma crónica (hiperinsulinismo) un estado “prediabético”, que daña nuestros vasos sanguíneos progresivamente hasta generar infartos, ceguera, entre otros. Este exceso de insulina también favorece los procesos de formación de tejido graso (lipogénesis) con el consecuente sobrepeso y obesidad tan frecuentes en este tipo de pacientes.

     Es maravilloso ir comprendiendo cada vez más cómo el organismo funciona sincronizando tantos aspectos a la vez. Apenas les hablo de UNA de las cosas que suceden, pero multipliquen eso por cientos de respuestas menores -molecularmente hablando-, en donde células muy distantes unas de otras, logran comunicarse y coordinar un resultado pensado en ayudarnos y salvarnos.

 

Volvamos entonces a nuestra pregunta inicial y analicemos si realmente podemos bajar de peso meditando.

 

     Partiendo de la evidencia de que la meditación es una de las herramientas efectivas para manejar el estrés1-2, podemos afirmar que una práctica regular de esta disciplina tiene impacto sobre los mecanismos activados en la respuesta fisiológica del estrés, entre ellos la disminución de las hormonas mencionadas más arriba. Si esto es así, podemos esperar que nuestros niveles de insulina también bajen, con ello disminuya la lipogénesis y por ende el aumento de grasa corporal.

     Con todo lo dicho no quisiera dejar la idea errada de que para bajar de peso SOLO debemos meditar. Por supuesto es mucho más complejo que eso. Se requiere además de una alimentación adecuada, actividad física, dormir bien, etc. Pero sí quiero enfatizar este aspecto, pues no son pocos los casos de personas que luchan infructuosamente con su problema de peso (con pérdidas leves o efectos rebote) a pesar de estar comiendo “adecuadamente” y realizando actividad física de forma regular. Hay mucho que revisar y analizar en casos como este (y de otras patologías crónicas) en donde se mezclan variados factores. Es por eso que no podemos simplificar las cosas y reducir todo a un tema de calorías consumidas y utilizadas. Es mucho más complejo que eso, pero no más difícil.

 

     Anímate a cambiar tu salud y aprender sobre cuál es la forma ideal para mantener tu cuerpo en óptimas condiciones. Aunque los seres humanos somos iguales en importancia y valor, también somos únicos e irrepetibles en nuestros genes y cómo estos se expresan.

 

En CIMEF queremos ayudarte a descubrir cómo aplicar todos estos conocimientos a tu propia vida llenándola de energía, salud y bienestar.

Agenda tu hora hoy mismo. Te esperamos!

 

 

 

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  1. “Meditation can produce beneficial effects to prevent cardiovascular disease”. Koike MK, Cardoso R. Horm Mol Biol Clin Investig.2014 Jun;18(3):137-43. doi: 10.1515/hmbci-2013-0056.

 

  1. “Yoga and meditation in cardiovascular disease”. Manchanda SC, Madan K. Clin Res Cardiol. 2014 Sep;103(9):675-80. doi: 10.1007/s00392-014-0663-9.

¿Qué son los prebióticos y probióticos?

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Nuestra amiga Catalina Varas, Nutricionista Staff de CIMEF, quiso escribir en nuestro blog sobre la importancia de cuidar nuestro intestino y cómo debemos hacerlo usando los pre y probióticos. Los animamos a aprender de forma sencilla qué son y cómo nos ayudan a ser más saludables.

Gracias Cata!

Que lo disfruten…

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Los PREbióticos tienen una gran importancia en la flora intestinal pues son carbohidratos no digeribles por nosotros, los cuales estimulan las bacterias positivas de nuestro intestino. A su vez, los PRObióticos son microrganismos beneficiosos para nuestra salud. Eso quiere decir entonces, que los prebióticos son los alimentos de los probióticos, por lo que ambos poseen un rol fundamental en nuestra dieta. A continuación te contamos un poco más…

El intestino tiene múltiples terminaciones nerviosas y neurotransmisores, tanto así que es llamado el “segundo cerebro”, ya que tiene una gran conexión con el resto del organismo. También es parte importante del sistema inmunológico de cada uno de nosotros, pues contiene alrededor del 70% de los centros de combate especializados (tejidos linfoides asociados al intestino o GALT, por sus siglas en inglés), logrando así impedir la colonización de bacterias dañinas o patógenas.

¿Suena importante, no? Sin duda lo es! Mucho más de lo que recordamos cuando comemos comida chatarra o nos excedemos en algún mal hábito. Bueno, para cuidarlo correctamente no solamente basta con comer alimentos no procesados, sino que es imprescindible cuidar nuestra flora microbiana intestinal. ¿Cómo podemos hacerlo? Adivinaste! :D… consumiendo prebióticos y probióticos.

Debes tener en cuenta, al momento de conservar estos alimentos, que los probióticos son sensibles a altas temperaturas, a la pérdida de cadena de frío (si estos están refrigerados), a la humedad, al oxígeno, entre otros. En cambio, los prebióticos no se afectan por ninguno de estos factores, ya que no son microrganismos vivos, sino que son un tipo de fibra.

Alimentos prebióticos

Se encuentran de manera natural o son añadidos a algunos alimentos, algunos de estos son:

 

 

Alimentos probióticos

Los más comunes son los lactobacillus y bifidobacterias, algunos son:

 

De la misma forma, existen alimentos funcionales llamados simbióticos, los cuales están compuestos por prebióticos y probióticos al mismo tiempo, donde interactúan entre sí, potenciando su efecto. Los alimentos simbióticos son algunos yogures fermentados, el kéfir y la leche materna.

 

¿Cuáles son sus beneficios más importantes?

  • Ayudan a la digestión de los alimentos
  • Favorecen la absorción de vitaminas y minerales
  • Estimulan el sistema inmune
  • Disminuye la diarrea o el estreñimiento
  • Disminuye el riesgo de cáncer de colon y enfermedades intestinales

El intestino y su relación con la flora microbiana intestinal, es uno de los descubrimientos médicos más relevantes del último tiempo. Su impacto en la salud es irrefutable y afecta el cuerpo a todo nivel. No hay duda que un intestino saludable es parte importante en la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas. 

En CIMEF los invitamos a mirar sus intestinos como sus zoológicos personales. Para que sean entretenidos, y no lúgubres y tristes, hay que cuidarlos y mantenerlos con la diversidad adecuada de animales, además de los alimentos indicados para cada uno. A mi me gustan los zoológicos lindos, limpios y bien mantenidos, y a uds?

 

Nta. Catalina Varas Pinaud

 

 

 

HTA y ejercicio

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En esta ocasión Pablo Salas, kinesiólogo asesor y amigo de CIMEF, escribe en nuestro blog sobre algunos aspectos fundamentales de una de las enfermedades más importantes de este siglo.

Además nos entrega recomendaciones prácticas sobre cómo usar el ejercicio y la actividad física como tratamiento para combatirla.

 

Gracias Pablo!

Manos a la obra… 

 

Hipertensión arterial y entrenamiento

 

 

     La hipertensión arterial (HTA) es el principal factor de riesgo a nivel mundial y está directamente relacionada al desarrollo de patologías cardiovasculares. Es una condición en incremento, y se espera que la prevalencia aumente al triple en hombres y al doble en mujeres bajo 45 años. Es por esto, la importancia de la prevención y por sobre todo, la detección y tratamiento temprana de esta patología.

    El tratamiento por excelencia es sin duda el cambio del estilo de vida, y junto a esto, según los niveles de presión sanguínea, el manejo farmacológico y las evaluaciones médicas pertinentes.

    Estudios han demostrado que la reducción de 5 mmHg de presión sistólica se asocia a reducción del 5-9% de mortalidad por causas cardiacas y al 8-14% de mortalidad por accidentes cerebro vasculares. Por lo tanto, cualquier medida que disminuya la HTA será sumamente favorable para nuestra salud.

    En las guías de práctica clínica sobre HTA del Colegio Americano de Cardiología y la Sociedad Americana del Corazón (ACC/AHA) nos dice que es altamente recomendado aumentar los niveles de actividad física con un programa estructurado de ejercicios. Al mismo nivel de recomendación, está la pérdida de peso en sujetos con presión elevada o hipertensión (meta que se debe lograr aumentando los niveles de actividad física). En esta misma guía, nos muestran que el ejercicio aeróbico, ejercicios de resistencia dinámica y estática, disminuyen la presión sistólica entre 4 a 10 mmHg (recordamos que la reducción de 5 mmHg ya disminuya la probabilidad de muerte).

    En general, las personas con HTA se verán beneficiadas con un programa de ejercicio, siempre y cuando se sigan ciertas recomendaciones. Pero antes de iniciar cualquier programa, debemos tener la indicación de nuestro equipo médico para comenzar el programa.

A continuación, dejaré una serie de recomendaciones y consideraciones a tener al momento de realizar ejercicio para la prevención y el tratamiento de la HTA.

Recomendaciones de ejercicios para la HTA

Ejercicio Aeróbico:

  1. Frecuencia: 5-7 días x semana.
  2. Intensidad: moderada intensidad (40-59% de la frecuencia cardiaca máxima; 4-5 en escala
  3. de esfuerzo de 0 a 10).
  4. Tiempo: >30 min x día de ejercicio continuo o acumulativo (ejercicio intermitente con una duración mínima de 10 minutos).
  5. Tipo: prolongado, rítmico y que involucre grandes grupos musculares (caminar, bicicleta, nado).

Ejercicios de Resistencia

  1. Frecuencia: 2-3 días por semana.
  2. Intensidad: la necesaria para realizar 3-4 series de 8-20 repeticiones sin llegar a la fatiga muscular.
  3. Tiempo: 30 min a 1 hora diaria, incluyendo grandes grupos musculares.
  4. Tipo: maquinas de resistencia, peso libre, bandas elásticas, peso corporal.

Consideraciones del ejercicio para la HTA

  1. Personas con hipertensión y un riesgo de patología cardiaca moderado a alto, antes de realizar ejercicios de moderada o alta intensidad, deben tener supervisión médica para generar pautas seguras de ejercicio físico.
  2. Evitar maniobras de Valsalva: el mantener la respiración mientras se realiza el levantamiento de cargas es el principal elevador de presión arterial durante el ejercicio. Por lo mismo, es totalmente desaconsejable. De esta manera, realizar levantamiento de cargas que nos permitan respirar al mismo tiempo, nos ayudará a controlar nuestros pesos máximos a la hora de realizarlos.
  3. Evitar series hasta la fatiga muscular: se ha demostrado que en este tipo de ejercicios es donde se evidencian los niveles más altos de tensión arterial durante el ejercicio, por esto, no es conveniente realizarlos si nuestra meta es controlar la HTA.
  4. Velocidad de la repetición: la velocidad excesivamente lenta y las velocidades explosivas llevan a un aumento de la presión arterial durante el ejercicio. Se deben realizar repeticiones con una velocidad cómoda y controlada tanto de forma concéntrica y excéntrica.
  5. Extremidades superiores: los grupos musculares de las extremidades superiores presentan menor vascularización que los miembros inferiores, y para una misma carga de trabajo, en miembros superiores supone una mayor intensidad ya que tienen menor masa muscular. Es por esto, que tienden a generar mas alzas de presión durante el ejercicio. Es recomendable hacer ejercicios con menos peso y más repeticiones (acá no nos servirán series de 10 repeticiones), ya que esto favorecerá una mayor angiogénesis y adaptación fibras musculares específicas más vascularizadas.
  6. Abdominales: cada vez se desaconseja más a las personas realizar series de abdominales concéntricos o Crunch (ejemplo: estar recostado y llevar el pecho a las rodillas) ya que estos nos generan una presión intraabdominal excesiva y no es en ningún caso un ejercicio funcional. Los ejercicios isométricos como planchas son mucho más recomendados, ya que no general alzas de presión excesivas además de mejoran el funcionamiento del CORE.
  7. Ejercicios isométricos (estáticos): como nombré ya las planchas abdominales, es totalmente recomendable adherir ejercicios estáticos de fuerza para el control de la HTA. Los estudios demuestran que estos ejercicios mejoran la respuesta vasodilatadora del endotelio (ej. Mediadores de óxido nítrico) en respuesta a la hipertermia reactiva en sujetos hipertensos. Además, este tipo de ejercicios ha demostrado aumentar los niveles de antioxidantes. NO OLVIDES respirar durante el ejercicio y evitar maniobras de Valsalva.

Recuerden siempre que con un buen asesoramiento, podrá sacar la mayor cantidad de beneficios y poder lograr nuestras metas de forma mas segura y en tiempos adecuados.

Klgo Pablo Salas

 

 

 

Referencias

ACSM’s Guidelines for Exercise Testing and Prescription. Tenth Ed. (2017)

Cornelissen VA, Smart NA. Exercise training for blood pressure: a systematic review and meta-analysis. J Am Heart Assoc. 2013;2:e004473

Whelton et al. 2017 High Blood Pressure Clinical Practice Guideline. ACC/AHA

Cade R, Mars D, Wagemaker H, et al. Effect of aerobic exercise training on patients with systemic arterial hypertension. Am J Med 1984; 77: 785-90

Ishikawa-Takata, K., T. Ohta, and H. Tanaka. How much exercise is required to reduce blood pressure in essential hypertensives: a dose-response study. Am. J. Hypertens 2003;16: 629–633.

Herrod PJ, Doleman B, Blackwell J, O’BOYLE F, P Williams J, Lund JN, Phillips BE, Exercise and other non-pharmacological strategies to reduce blood pressure in older adults: a systematic review and meta-analysis, Journal of the American Society of Hypertension (2018), doi: 10.1016/j.jash.2018.01.008

Carlson DJ, Dieberg G, Hess NC, et al. Isometric exercise training for blood pressure management: a systematic review and metaanalysis. Mayo Clin Proc. 2014;89:327–34.

Whelton S.P., Chin A., Xin X., He J. Effect of aerobic exercise on blood pressure: a meta-analysis of randomized, controlled trials. Ann Intern Med. 2002; 136: 493-503

Resfríos eternos

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“… Doctor, llevo un mes resfriado y no se me pasa…”

¿Súper virus o desorganización inmunológica?

 

Invierno es una época poco agradable para mucha gente. Personalmente, no disfruto el clima frío: tuve una disposición al resfrío durante gran parte de mi niñez y adolescencia. Congestión nasal, tos, malestar general y dolor de garganta, eran síntomas que presentaba al menos unas 3 veces durante la estación más fría del año. Me consideraban muy enfermizo -y posiblemente lo era-, pero luego de 7 años de trabajar en mi consulta médica privada y en los servicios primarios de urgencia, entiendo que no era sólo yo. Muchas son las personas con un pasado de salud similar al mío, pero que aún no logran revertir esa tendencia…

 

     Tradicionalmente las enfermedades respiratorias son mayoritarias en invierno, así como las afecciones gastrointestinales lo son en el verano. Lo mismo ocurre con las alergias en primavera. La estadística de esto, permite que el Estado y los gobiernos de turno planifiquen y apliquen programas de salud orientados a la prevención y tratamiento oportuno de las enfermedades más prevalentes.  Sin embargo, en mi práctica médica diaria veo que las enfermedades no son tan “ordenadas” cuando llegan a la consulta. Los cuadros aparentemente respiratorios se acompañan muchas veces de diarrea, náuseas y vómitos, al punto que es difícil saber si el diagnóstico es una gastroenteritis acompañada de congestión nasal y dolor de garganta, una rinofaringitis aguda con diarrea y vómitos; o sencillamente el gran comodín de la época: un estado gripal. No digo que estos diagnósticos estén errados, pero es sumamente alarmante ver cómo por “una patología aguda” los pacientes se llevan recetas médicas que -por lo bajo- prescriben 3 medicamentos.

 

     ¿Qué es lo que sucede? ¿Estamos acaso frente a una revolución de súper-virus que atacan sin piedad todas las partes de nuestro cuerpo, o es quizás nuestro sistema inmune “disparando” con una precisión visual digna de un topo? No soy experto en virología, pero no he leído publicaciones de alerta sanitaria referentes a la aparición de nuevos e imbatibles virus. Lo que sí he leído mucho, es sobre cómo los estilos de vida actuales y factores externos como la toxicidad ambiental del aire y agua, el estrés, la alimentación inadecuada y otros, han llevado a condiciones predisponentes inmunológicamente hablando como el leaky gut syndrome” o síndrome del intestino permeable.

 

     En palabras sencillas, el revestimiento celular interno de nuestro intestino funciona como una aduana altamente selectiva y sensible, que por una parte debe favorecer el ingreso de nutrientes a la circulación sanguínea, y por otra evitar que microorganismos o moléculas dañinas entren al organismo. Un intestino permeable o “leaky gut” es precisamente la condición en donde esa capacidad discriminativa se ha perdido, permitiendo que cosas indeseables entren a la sangre provocando una reacción de defensa mediada por nuestro sistema inmunológico que, al verse superado, sólo puede “disparar en todas direcciones”.

 

Este mecanismo de producción de enfermedad está siendo postulado como uno de los grandes sospechosos para infinidad de condiciones:

 

1.- Enfermedades alérgicas : eczema atópico, rinitis y cuadros asmáticos descompensados recurrentes o progresivos de difícil manejo.

2.- Enfermedades autoinmunes : artritis reumatoídea, lupus, psoriasis, etc.

3.- Enfermedad celíaca, intolerancias y alergias alimentarias múltiples.

4.- Enfermedades digestivas : síndrome del intestino irritable y enfermedades Inflamatorias intestinales, tales como la enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa.

5.- Infecciones reiteradas en piel, sistema respiratorio y digestivo

Entre otras…

 

En fin.

     Actualmente hay muchos grupos de científicos investigando sobre las implicancias de esta condición en la salud de las personas, especialmente de aquellas inmersas en culturas hiperindustrializadas y sometidas a hábitos poco saludables.  

     Si ud. es una de esas personas que se enferman fácilmente o que sufren de resfríos – y otras condiciones de salud- que parecen durar una eternidad, lo invito a desechar el pensamiento de que está bajo una maldición o víctima de un súper microbio asesino multiresistente, pues no es lo más probable. Quizás el problema está en su intestino y no en la desgracia de haber contraído una enfermedad rara.

     La medicina funcional es un modelo desarrollado para identificar los factores causantes de este tipo de condiciones y tratarlos de manera efectiva, logrando mejorías a largo plazo y no perpetuando el ciclo agregando más fármacos y químicos tóxicos para nuestro intestino.

 

     En CIMEF contamos con un equipo de mente abierta y especializado en enfrentar de forma integral las enfermedades y condiciones crónicas que los aquejan, siempre pensando en la complejidad y dinamismo de un organismo tan especial y maravilloso como el cuerpo humano.

Visítennos y los ayudaremos a descubrir las causas raíces de sus malestares.

 

Entregados a uds.

 

Equipo CIMEF

Genes… Oportunidad, no sentencia

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“Doctor, soy hipertenso porque mis papás siempre fueron hipertensos…”

 

 

     Escribiendo este artículo, no pude dejar de pensar en la infinidad de veces donde alguno de mis pacientes argumentaba a favor de sus enfermedades durante la entrevista clínica: “doctor, soy hipertenso porque mis papás son hipertensos…”. No los culpo, esta es una idea muy arraigada en general, inclusive en profesionales de la salud.  Yo también lo creí de esa forma por muchos años: la aparente injusta sentencia que los genes determinaban sobre nosotros. En ese tiempo, sólo podía asentir empáticamente y sumarme a las condolencias que muchos otros colegas ya le habían entregado: “Qué mala suerte!” pensaba. Ojalá se pudiera hacer algo…

    ¡Afortunadamente se puede hacer algo! y mucho más de lo que se creía a finales del 2003, año en el que se publicaron los últimos resultados descubiertos por el impresionante Proyecto Genoma Humano.

     Como les he comentado en Post anteriores, la Medicina Funcional se ha transformado en un modelo y movimiento masivo de médicos en el mundo decididos a pensar “fuera del molde”, a la luz de los múltiples descubrimientos científicos del último tiempo. En este caso, quisiera hablarles de algunos ocurridos en una de las ramas más promisorias de la medicina: la genética. Pero sobre todo de la línea de investigación que ha revolucionado esta interesante área: la Epigenética.

     Según la definición publicada en la Revista Nature en su versión online, Epigenética es el estudio de los procesos moleculares que influencian el flujo de información entre la secuencia constante de ADN y los patrones variables de expresión genética. En palabras más simples, son todos los factores que influyen en nuestro “arreglo individual de genes” (genoma), pero que no forman parte de su código en sí. Con un ejemplo simple: si nuestro genoma fuera el plano de construcción de una casa, la epigenética sería algo así como el conjunto de materiales que usaríamos, la época del año en la que construyamos, la pericia de los maestros constructores y su estado de ánimo por la paga que reciben por ese trabajo; entre cientos de otros elementos. Es decir, TODOS los factores que rodean y “bañan” nuestros genes. En palabras del Dr. Deepak Chopra en su libro Supergenes, “pensemos en la Epigenética como el grupo de interruptores que activan o desactivan nuestro genoma”.

     Este conocimiento no es del todo innovador, pues desde hace muchísimo tiempo se sabe que compartir el mismo genoma, como es el caso de los gemelos idénticos, no significa ser iguales. Es más, hay algunas enfermedades como el Parkinson, en donde el riesgo de que ambos gemelos presenten la enfermedad es sólo del 20%. ¿Cómo es posible esto? Por la sencilla razón de que según los últimos descubrimientos del titánico Proyecto Epigenoma Humano, en el mejor de los casos el código o combinación de genes que tenemos, son responsables de sólo el 50% del riesgo real de presentar una enfermedad. Todo el resto, es responsabilidad de las decisiones que tomamos día a día: lo que comemos o dejamos de comer; las horas que dormimos; si estamos tristes o alegres; si estamos enamorados o con el corazón roto; cómo enfrentamos el estrés; cómo interpretamos los desafíos laborales y emocionales; si realizamos actividad física y en qué magnitud y forma; y suma y sigue. Cada cosa que hacemos y las decisiones que tomamos impactan molecularmente nuestro ADN, llevándonos a una vida de enfermedad o a una saludable experiencia vital.  

     ¿Son buenas noticias, no? A mi me parecen fabulosas. Ya no estamos sentenciados a experimentar las enfermedades de nuestros padres.

     No quiero que piensen que les digo que nuestra genética, antecedentes e historia familiar no importan, claro que sí. Lo que quiero decirles es que los avances científicos están demostrando que tenemos las herramientas para prevenirlas y evitarlas. Ahora la opción y decisión está en nosotros.

     Los invito a no justificarse más. Ya no valen las excusas ni la pretensión de culpar a nuestros antepasados por nuestras enfermedades. Quizás las decisiones de ellos nos trajeron mayor posibilidad estadística de presentar algunas condiciones de salud, pero depende de nosotros que esa probabilidad se haga real, y aún mejor, que se debilite en favor de nuestra descendencia.

 

Finalmente, quisiera citar una vez más al Dr. Chopra y al Dr. Tanzi en su libro Supergenes y hacerles el mismo llamado: No sólo eres la suma de tu genoma, sino que eres el usuario y el inventor de ese genoma; eres el AUTOR de tu propia historia”.

 

No esperemos más y agenda tu Entrevista inicial y Consulta médica: estaremos felices de ayudarte en la reprogramación de tu salud!

Actividad física y Salud

By | Noticias

 

Nuestro amigo Pablo Salas, Kinesiólogo asesor de CIMEF, quiso compartir con nosotros uno de sus artículos sobre lo fundamental de la actividad física para mantenernos saludables y cuáles son las recomendaciones actuales para poder lograr esto.

Esperamos lo disfruten tanto como nosotros!

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Si hay algo que es casi imposible de rebatir en estos tiempos es que la actividad física es buena para la salud. Está demostrado que la actividad física constante reduce el riesgo de cardiopatías coronarias, hipertensión, depresión, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo II, cáncer de mama y cáncer de colon. Además, es fundamental para conseguir un equilibrio energético para el control de peso y composición corporal.

También se sabe que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante a nivel mundial, influyendo en la prevalencia de Enfermedades no Transmisibles (ENT) y en la salud general de la población mundial. La hipertensión arterial (13%) y el exceso de glucosa en la sangre (6%) son dos de los factores de riesgo de mortalidad mundial por sobre la inactividad física, los cuales se pueden combatir fácilmente con un buen nivel de actividad física. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos refiere que la inactividad física es la causa de un 21-25% de cáncer de mama y de colon, el 27% de los casos de diabetes y aproximadamente el 30% de los casos de cardiopatías isquémicas.

Pero para hablar sobre actividad física, el primer paso es definirla y diferenciarla de los conceptos de ejercicio y deporte, ya que esto nos facilita el entendimiento de que es lo que realmente debemos hacer.

Actividad física es cualquier movimiento del sistema musculo esquelético que exija un gasto energético, tal como las tareas domésticas, ir de compras, subir escaleras, caminar… básicamente ESTAR EN MOVIMIENTO.

Entrenamiento es un tipo específico de actividad física con el objetivo de mejorar alguna habilidad o capacidad física (fuerza, velocidad, agilidad, etc.), donde debe ser planificado, estructurado, progresivo y ser medible.

El Deporte tiene como objetivo la diversión y competición, donde el entrenamiento es imprescindible.

Por esto es erróneo referirse a “hacer deporte” con tener un alto nivel de actividad física, ya que alguien pudiese ser un deportista pro en juegos de pc o consolas de entretenimiento, y no necesariamente ser una persona activa. Y por lo mismo, las frases como “tienes que hacer deporte para bajar de peso” o “sal a hacer deporte en bicicleta” están un tanto erradas, generando un rechazo al aumento de la actividad física desde las personas sedentarias cuando se les dice que “hagan deporte”, ya que tiende para ellos a sonar como algo complicado, duro, caro y requirente de tiempo que no tienen.

La OMS creó las “Recomendaciones Mundiales sobre Actividad Física para la Salud”, donde nos cambia el paradigma conocido por todos nosotros de realizar ejercicio 3 veces a la semana, que ya va quedando en el pasado.

Estas recomendaciones nos diferencian en tres grupos etarios:

5 a 17 años:

Para los niños y jóvenes de este grupo de edades, la actividad física consiste en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y de reducir el riesgo de ENT, se recomienda que:

  1. Deberían acumular un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa.
  2. La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud.
  3. La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.

18 a 64 años:

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y de reducir el riesgo de ENT y depresión, se recomienda que:

  1. Deberían acumular un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
  2. La actividad aeróbica se practicará en sesiones de 10 minutos de duración como mínimo.
  3. para obtener aún mayores beneficios para la salud, los adultos de este grupo de edades aumenten hasta 300 minutos por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
  4. Dos veces o más por semana, realicen actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

65 años en adelante:

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos caminando o en bicicleta), actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y funcional, y de reducir el riesgo de ENT, depresión y deterioro cognitivo, se recomienda que:

  1. Los adultos de 65 en adelante dediquen 150 minutos semanales a realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. La actividad se practicará en sesiones de 10 minutos como mínimo. A fin de obtener mayores beneficios para la salud, los adultos de este grupo de edades deberían aumentar hasta 300 minutos semanales la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien acumular 150 minutos semanales de actividad física aeróbica vigorosa, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
  2. Los adultos de este grupo de edades con movilidad reducida deberían realizar actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana.
  3. Convendría realizar actividades que fortalezcan los principales grupos de músculos dos o más días a la semana.
  4. Cuando los adultos de mayor edad no puedan realizar la actividad física recomendada debido a su estado de salud, se mantendrán físicamente activos en la medida en que se lo permita su estado.

 

Por lo que, a modo de resumen, para mejorar y mantener una buena salud, basta con 30 minutos de actividad física moderada 5 días a la semana (no es necesario 30 minutos seguidos, pueden ser parcelados durante el día, ej. Caminar 10 minutos, 3 veces al día).

Ya viene en cada uno de nosotros que estrategias podemos tomar… Subir y bajar escaleras en vez del ascensor, bajarse unas cuadras antes del trabajo o colegio para caminar a paso rápido, andar en bicicleta un mínimo de 10 minutos a velocidad moderada, o simplemente salir a caminar ya son buenas estrategias, simples y gratis, que nos ayudaran a mejorar nuestra salud y a disminuir los efectos negativos de la inactividad física.

 

En CIMEF podemos ayudarlos a definir su necesidad mínima y también óptima de actividad física, personalizándola a sus requerimientos individuales y preferencias.  Los invitamos a visitarnos y descubrir más de ello!

Estar sano es mucho más que no sentir molestias

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“Complejo, no difícil…”

 

 

     Es importante que desde un principio sepan la verdad: curar las enfermedades es MUY complejo… pero NO es difícil! Suena extraño, no? Eso es porque hemos perdido noción del real significado de cada una de esas palabras, al punto que las usamos indistintamente a pesar de tener un significado diferente.

     Difícil es algo que requiere de mucho esfuerzo para aprender o realizar. Por otra parte, Complejo es algo compuesto por varias partes.

     Si queremos poner de ejemplo algo difícil, yo pensaría en completar un triatlón o en ganar una medalla de oro en las Olimpiadas. Para ello necesitaríamos un entrenamiento especial que prepare nuestro cuerpo a las exigencias de algo tan selecto dentro del mundo del deporte competitivo. Deberíamos someternos a una serie pruebas físicas y cambios en nuestra vida cotidiana, que realmente transformarían nuestro día a día. Entrenar varias horas al día invirtiendo un gran esfuerzo de voluntad y desempeño físico, no durante 1 ó 2 días, sino por meses y años. No quiero desanimarla o desanimarlo si sueña con eso, pues no digo que sea imposible, pero por lo menos para mí, se me haría algo difícil de lograr.

     Por otro lado cuando hablamos de algo complejo, nos referimos a algo que tiene muchas cosas involucradas en su realización, muchas etapas o partes antes de completar nuestro objetivo. Armar un mueble sin ser carpintero es algo complejo, pero con un buen plano de instrucciones, no debería ser algo difícil ni menos imposible aun para los menos hábiles en este tipo de tareas. El único requisito es que no falte la paciencia, dedicación y perseverancia.

     Decidí iniciar este artículo tomándome el tiempo para hacer esta diferencia, pues como les comenté al principio, curar la gran mayoría de las enfermedades que nos aquejan no es difícil, sino complejo. Desde la perspectiva y análisis de la Medicina Funcional, las enfermedades crónicas como la hipertensión, resistencia a la insulina/diabetes, sobrepeso/obesidad, hipotiroidismo,  colesterol alto, artritis reumatoidea, enfermedad renal, entre muchas otras; han logrado enraizarse en la vidas de las personas y las sociedades, sólo porque no se ha considerado la complejidad del funcionamiento del cuerpo humano, simplificando toda la reflexión médica a la tarea de agrupar síntomas y signos a un nombre definido (que llamamos enfermedad) para el cual se ha escogido uno o más medicamentos que han demostrado disminuir su intensidad (en el mejor de los casos), pero nunca curarla.

     Por más que se ha intentado simplificar el tratamiento de las enfermedades, las estadísticas muestran que por más “súper fármacos” que se han descubierto y administrado, los resultados no son mejores y en muchos casos, hasta hemos empeorado. No pretendo invalidar los grandes avances que se han realizado en la farmacología de los últimos 20 años, pero su impacto real ha sido en las enfermedades “agudas” (como las infecciones y accidentes cardio y cerebrovasculares) pero no en las crónicas, de largo aliento, que son las que finalmente gastan el gran porcentaje de la inversión en salud de los países desarrollados.

     La Medicina Funcional es una forma innovadora de profundizar en las complejas interacciones de la mente y cuerpo humano con el ambiente, a través de distintas herramientas terapéuticas validadas por los avances científicos de los últimos 30 años. La epigenética, nutriogenómica y metabolómica son algunas de las nuevas áreas de la medicina que están revolucionando el manejo de las enfermedades, pues cada vez es más claro que lo que hacemos, pensamos, comemos, dormimos, etc. en nuestro día a día tienen una impresionante importancia en cómo el organismo responde y se enferma o restaura.

 

En nuestro Centro e Instituto de Medicina Funcional queremos ayudarlos a descubrir una forma más integral de combatir las enfermedades y recuperar sus vidas, pues estar sano es mucho más que no sentir molestias, es tener la vitalidad para realizar tus sueños y propósitos.

El Futuro de la Medicina… ¿Qué es la medicina funcional?

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     Vivimos en un mundo hiper-tecnologizado que cambia constantemente y que nos bombardea de información en cada uno de los dispositivos electrónicos que utilizamos. Hay una cantidad incuantificable de información disponible, especialmente en internet, pero lamentablemente no hay un filtro o fiscalización que nos permita distinguir qué es verdadero y realmente útil a nuestras distintas necesidades y preguntas. Es por eso que quise partir explicando lo más esencial…

     Medicina Funcional no es un tipo nuevo de medicina ni tampoco un tratamiento alternativo. Es una forma innovadora de enfrentar las enfermedades y disfunciones biológicas, desde una mirada más abierta e integral, abordando cada paciente con un enfoque personalizado y adecuado para sus desafíos y contexto personal. Es el fruto del trabajo de décadas de médicos y otros profesionales de la salud que, como yo, vieron que sus prácticas médicas cotidianas se volvían frustrantes e incapaces de dar real solución a los problemas de sus pacientes.

     Quiero contarles mi experiencia. Al momento de escribir este artículo tengo 33 años y apenas 7 años practicando la medicina. En este tiempo he sido paciente y también médico, y desde ambas perspectivas he sentido la frustración de ver cómo las enfermedades condicionan tu vida, y la desesperanza de pensar en que no hay solución para ellas, fuera de la resignación y muchas veces esclavización a un fármaco. Entre mis antecedentes, cuento con episodios constantes de molestias gastrointestinales (hinchazón, dolor abdominal cólico, diarreas intermitentes, nauseas ocasionales, heridas en lengua y boca), problemas a la piel (piel seca, caspa, dermatitis de contacto y atópicas, infecciones por hongos en distintas partes del cuerpo), problemas respiratorios (rinitis persistente, resfríos y bronquitis repetitivas, dolor de garganta, neumonía) y finalmente un tipo no agresivo de cáncer de piel (linfoma). Aunque no he sido un ejemplo de vida sana y mi historia familiar tiene algunos eventos a considerar, esta acumulación de enfermedades y síntomas me parecían algo excesivas para alguien que recién empieza la mitad de los potenciales años de esperanza de vida según la última Encuesta Nacional de Salud.

     Que las enfermedades crónicas (como la obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer, enfermedades autoinmunes, etc) sean una epidemia hoy en día, no es noticia nueva. Todos y en todas partes se habla de ello, pues sin duda es una preocupación de todas las naciones del planeta, especialmente las más desarrolladas. Sin embargo, el gran tema en cuestión ya no se concentra sólo en el hecho de que estas enfermedades pueden conducirnos a una muerte prematura, sino quizás aún peor, en la lamentable realidad de que deterioran nuestra calidad de vida, al punto de vivir (en algunos casos) casi la mitad de nuestra existencia con una condición física y/o mental que nos deteriora progresivamente e impidiéndonos disfrutar de las grandes oportunidades de felicidad que la vida nos brinda.

      Los avances médicos diagnósticos y terapéuticos de los últimos 50 años son sorprendentes, trayendo grandes progresos en la sobrevida de enfermedades complejas y prevalentes como las patologías cardiovasculares y el cáncer. Sin embargo, todo ese progreso no tiene impacto en la disminución de la incidencia de la enfermedad, es decir, en el número de casos nuevos. En otras palabras, se ha desarrollado tecnología de punta para combatir a la enfermedad cuando ya está presente, pero no se ha logrado mucho en medidas que impidan nuevos casos o al menos casos menos agresivos. La situación es tan crítica que en países desarrollados como EEUU -quienes lideran en desarrollo científico y en inversión en salud-, los índices de morbi-mortalidad (enfermedad y muerte por estas causas) son alarmantes y las proyecciones de gasto económicos, billonarias!

     Estamos ante una ola incontrolable de enfermedades que ya no responden como quisiéramos a los tratamientos ni fármacos disponibles. Es ese entonces el camino que los avances médicos deben seguir? Continuar creyendo que los fármacos son el futuro para la epidemia de enfermedades crónicas, es como pensar en combatir la contaminación del aire sólo construyendo ventiladores gigantes. No parece una idea muy brillante ni eficiente, verdad?

     La tendencia de la medicina del futuro es dejar de manejar los problemas mirando las ramas, para mirar nuevamente hacia los fundamentos, el origen, la raíz del problema. Han pensado alguna vez por qué estas enfermedades son más frecuentes ahora que en la época de nuestros abuelos y bisabuelos? Los estudios científicos han demostrado que nuestra carga genética como humanos no ha cambiado más de 0.02% en los últimos 10.000 años. La razón es mucho más sencilla que eso… El cuerpo y nuestros genes son los mismos, lo que ha cambiado es el lugar en donde se manifiestan y desenvuelven, es decir, el medioambiente y nuestros hábitos de vida.

     Eso es lo que queremos desarrollar y trabajar en cada uno de nuestros pacientes y amigos, buscar resolver los problemas RAIZ de sus enfermedades y dejar de encubrir síntomas y signos, dándonos una falsa sensación de salud que nada tiene que ver con lo que realmente es: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En CIMEF los invitamos a que trabajemos en conjunto para recuperar su salud y transformarse en el protagonista de su propio bienestar.